Ayer me cansé de ver oportunidades en determinadas crisis.

 

Es cierto que toda crisis no es más que eso: un cambio. Y si en lugar de comprar la crisis con todo lo que trae (angustia, preocupación, desgano, enojo, etc.) nos posicionamos en creadores, entonces descubriremos un tesoro para nuestra evolución. AHORA, no siempre hay oportunidad y esto es porque no todo lo que aparenta ser una crisis lo es. Así como dice el viejo refrán: “No todo lo que reluce es oro.”

Bueno, lo mismo: no todo lo que parece crisis es crisis.

 

A ver si me explico mejor. Hay personas que se comportan mal, que faltan el respeto, que no piensan en el otro, que simplemente se cagan en el otro, en este caso EN UNO. Y frente a una situación así lo podemos tomar como una oportunidad para crecer, sí. Para trabajar la paciencia, sí. Una vez, dos y hasta tres. Y luego ya basta.

 

Hay un momento en el que ya no hay crisis, hay abuso y uno se deja abusar y el encontrar la oportunidad es la excusa perfecta para no poner los límites que se requieren. Aquí es cuando el crecimiento interior (o espiritual) se nos puede volver en contra y OJO con eso.

 

Hay momentos en la vida en los que debemos saber distinguir entre crisis y abuso, entre crisis y “esto ya no me lo trago más” y ahí viene el paso necesario: ACTUAR EN CONSECUENCIA.

 

A no huir del actuar en consecuencia. A no temer. Es también una lección, un gran escalón a subir para evolucionar.

 

No es nunca recomendable quedarse eternamente en el escalón de “la oportunidad en la crisis”.

 

¿Y cómo sabemos cuándo es oportunidad y cuándo es momento de decir basta?

 

Aquí va una humilde guía:

 

  • Te has enfadado una vez pero respiraste y te dijiste “en esta aparente crisis hay una oportunidad.”
  • Te has enfadado otra vez y volviste a respirar, te repetiste lo mismo que la vez anterior, recordaste la oportunidad que descubriste y ya quedaste más en calma.
  • Te has enfadado nuevamente, hiciste todo lo anterior y hasta expiaste la situación para recibir respuestas inspiradas.
  • Te has vuelto a enfadar y nada de lo anterior. Ya estás llorando de rabia y se te ha pasado por la cabeza ir de rodillas a la virgencita más cercana. Ok, aquí es el momento de decir BASTA.

 

¿Se entendió? Hay momentos en los que hay que decir BASTA.

 

(María Van)

 

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