Es una respuesta muy común cuando pregunto “¿Cuál es tu deseo?¿Qué quieres atraer?”
Y es una respuesta que me da las coordenadas exactas del estado vibracional de la persona. Esa persona está en carencia, en dualidad y sin poder.

Vinimos a esta experiencia de vida a RECIBIR, por lo tanto estará en nuestra naturaleza humana desear, pedir. Pero venimos de un Origen donde todo es DAR. Nuestra esencia es dar, como dije en el último Mega Curso Ley de Atracción: por nuestra sangre cuántica corre el DAR.

Para poder recibir debemos dar pero no en los términos de dar y recibir que la mayoría de las personas entiende.

DAR es ofrecer vibración con intención, esto es crear deliberadamente. No es necesario hacer ningún esfuerzo, solo recordar cuál es mi verdadero Origen.

Por física emitimos vibración, todo el tiempo, día y noche. Por metafísica entendemos que OFRECEMOS vibración, es decir que le ponemos intención, decidimos qué vibración vamos a emitir. Eso es crear deliberadamente.

Es decir, no podemos dejar de emitir vibración todo el tiempo, es automático, lo busquemos o no vamos a estar emitiendo vibración. Bien, dado que no tenemos elección en ese punto lo que nos queda decidir es si vamos a elegir qué tipo de vibración emitir o si vamos a emitir por defecto, esto es si vamos a direccionar nuestra vida o vamos a andar como hojas al viento chocando contra todo lo que aparezca.

Piensa en una estación de radio que emite señal, una vez que una estación de radio es inaugurada comienza a emitir señal, para eso es una señal de radio. Ahora, con esa señal, quienes trabajan en esa radio pueden elegir qué programas de radio ofrecer, con qué contenido, con qué información.

Lo mismo sucede con nosotros, humanos, emitimos constantemente vibración, una señal que impacta en el campo cuántico y nos devuelve resultados que se condicen con nuestra vibración. Cuando ponemos intención en nuestra vibración es como elegir qué programas de radio vamos a ofrecer, nos hacemos conscientes del poder de nuestra vibración, del poder de crear nuestras vidas.

Damos porque vibramos, es nuestra esencia. Por consciencia humana podemos elegir qué dar.
Damos emociones, no podemos atraer emociones, las damos porque las vibramos, las sentimos.

Por lo tanto el amor no se puede atraer, no se puede jalar hacia uno, no podemos conocer a alguien que “nos dé amor”. El amor se siente en uno, se vibra, por lo tanto SOLO SE PUEDE EMITIR.

Solo podemos dar amor. ¿Cómo es esto?
El amor se siente en ti y pasa por ti, surge desde tu interior. Puede surgir como respuesta a una acción externa pero siempre eres tú quien lo siente o no lo siente. Nadie te puede regalar una cajita de amor para que la abras y sientas el amor. Por eso siempre digo que hasta que no te ames no podrás amar ni ser amado. Y si insistes en saber cómo amarte con la expectativa de que alguien más te ame YA NO TE ESTÁS AMANDO, no estás comprendiendo.

El amor lo siento yo o no lo siento. No importa el otro. Yo puedo estar en pareja con alguien que ha fallecido y aún siento amor por esa persona que físicamente ya no está, ¿lo ves? Y puedo estar en pareja con un hombre buenísimo, amable, fiel y así y todo no sentir amor por él, ¿lo ves?
Es importante que comprendas que el amor se siente, por lo tanto se vibra y por consecuencia se da, se da al campo cuántico, no importa si hay o no un destinatario. Cuando vemos por las redes sociales un video de un niño haciendo algo gracioso con una mascota sentimos amor y ese niño no se está enterando que sentimos amor por él o por su mascota porque el amor lo siento yo al ver ese video, se activa en mi y sale de mi.

Si sigues pidiendo que te amen es porque no estás en vibración de DAR sino en carencia de RECIBIR Y no has entendido que debes amarte primero. Cuando te ames de verdad, sin especulaciones, entonces darás amor y cuando estés dando amor ya no estarás buscando que te lo den porque habrás comprendido que no es físicamente posible que alguien te de amor. En ese punto de entendimiento es en el cual estarás vibracionalmente bien para emparejarte desde la sanidad y la abundancia.

(María Van)